martes, 6 de agosto de 2013

BAÑEZ, LA PERSECUCION DEL FRAUDE Y LA DELACION ANONIMA

El ministerio de Empleo habilita un sistema de denuncia del fraude laboral a través de la página web de inspección de trabajo. Es bueno que se implique a la ciudadanía en la importancia de cumplir la norma, pero este tipo de medidas no deja de ser un reconocimiento de la incapacidad e incompetencia de la propia administración en la persecución del fraude laboral.

Me llama la atención la divergencia entre el contenido del plan integral contra el empleo irregular y el fraude en la seguridad social que efectúa una prolija descripción de acciones contra las que se dirije el plan y la noticia del Ministerio en relación a esa posibilidad de denuncia y los datos estadísticos que ofrece, pues se concentran en solo una parte del fraude, el relacionado con la percepción indebida de prestaciones, cuando en dicho plan hay muchas más conductas fraudulentas a perseguir, la mayoría de ellas achacables a las empresas. No me gusta la idea transmitida en los medios concentrando el fraude en la parte más débil de la ecuación, el trabajador, y obviando y no diciendo nada del más beneficiado, la empresa fraudulenta.

Me atrevo a decir que es mucho más perjudicial una serie de comportamientos ampliamente extendidos: como la utilización fraudulenta de la contratación temporal (de la que ya hablé en su día aquí y es una de las entradas más leídas de este blog y por algo será) o el que la empresa solo cotice por un porcentaje de la verdadera jornada laboral (he visto jornadas de 10 horas cotizando por 2). Y a erradicar estas conductas es a lo que tendría que dirigirse especialmente la labor del ministerio.

Me presenta más serias dudas y lo dejo para otra entrada si el verano lo permite, el actuar desde un parametro de la delación anónima. Me parece peligroso e ineficaz. Y me genera como digo serias dudas jurídicas, en particular porque el artículo 13 de la ley 42/97 de la inspección de trabajo y de la seguridad social dice literalmente que "no se tramitarán las denuncias anónimas". Ninguna duda me genera la repulsión y aversión a sistemas sancionadores que tengan como premisa la delación anónima. Se me podrá acusar de demagogo, pero me recuerda prácticas de la postguerra que se mostraron como un excelente medio de ajustar cuentas, de venganzas personales o de satisfacer intereses repugnantes. Eticamente tengo claro que toda denuncia ha de ser con nombre y apellidos.

Por no hablar de que uno enarbola cierta sonrisa de escepticismo al oir a hablar de un ministro de este Gobierno de actuar contra prácticas irregulares. Por eso ayer, no pude evitar tuitear esto:

Le voy a mandar a Bañez la primera denuncia sobre fraude laboral. Va de unos que hacen un contrato simulado con indemnización en diferido





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