martes, 9 de febrero de 2016

LA IMPORTANCIA DE LOS DERECHOS

Hace unos días me llegaba a través de Tuiter la imagen que ilustra esta entrada con una denigrante oferta de empleo produciéndose una breve conversación entre juristas tuiteros. Hay días en que surgen varias ideas para escribir en el blog pero no hay tiempo y como no las apunto se diliyen. O las aro unos días después como es este caso.

Pongo en correlación con algo que me ocurrió hace unos días en un juicio por un accidente de trabajo. Mi cliente estaba seriamente enfadado porque unos testigos del accidente no quisieron contar lo que pasó y pretendían dar una versión (mentira) favorable a la empresa. Yo ya no me enfado ni me indigno por estas cosas, es algo con lo que cuento pues es lo que me encuentro en la mayoría de los juicios de este tipo.

Lo cierto es que si se producen este tipo de situaciones que favorecen abusos y malas prácticas empresariales lo es por estar en una situación en la que tener un puesto de trabajo se considera un privilegio. Y a ello conduce la falta de independencia económica y un excesivo endeudamiento, así como aprender hábitos que enfatizan que ser feliz o tener una vida plena pasa por el consumo, para lo que se necesita dinero y deuda.



Pero no me voy a poner espiritual, es precisamente cuando se dan estas situaciones de desigualdad cuando cobra mayor papel aún el derecho y la existencia de unos derechos con posibilidad de ejercicio, pues sin tales nos encontramos con derechos etéreos que no se dan en la práctica (que le hablen del derecho a la vivienda a quien es objeto de un desahucio por no poder pagar). Sin embargo algunas corrientes tienden todavía en estas situaciones a querer aligerar más los mismos,

En esta última legislatura debemos recordar cómo se implantaron las tasas judiciales que limitan el acceso a la justicia o como se produjo una profusa diarrea legislativa que dificulta el correcto conocimiento de la norma y que además género normas de muy mala calidad.

Pero además de eso, hay que garantizar el ejercicio por los ciudadanos. Así, es muy frecuente para quien defiende inmigrantes en una controversia laboral, por ejemplo un despido, que tenga una reducida capacidad de negociación, pues por su situación económica son incapaces de aguantar hasta el final y aceptan resultados en negociación muy a la baja, porque necesitan desesperadamente el dinero (un compañero me contaba el caso de un despido claramente nulo de trabajadora embarazada).

En definitiva no sólo es necesario en estos momentos reforzar derechos para quienes son objeto de estas situaciones sino también atender a esa especial situación de desequilibrio en el ejercicio de los derechos. Precisamente esa situación de desequilibrio es la que posibilita que se acepten vergonzosas ofertas de trabajo sin cobrar, o cotizar muy pocas horas y trabajar más sin alta en seguridad social o sin cobrar los mínimos de convenio.

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