miércoles, 12 de agosto de 2015

RITMO

Pocos clientes entienden que a la hora de desarrollar una estrategia jurídica uno de los elementos más importantes para que la misma sea efectiva es el ritmo de ejecución de la misma. El cliente suele ser presuroso y tener cierta ansiedad por que su problema se resuelva haciéndolo querer una solución rápida y pronta sin percibir que decisiones o acciones realizadas con premura pueden llevar a resultados contrarios a lo pretendido.

En el ritmo o desarrollo de esa estrategia influyen muchos factores. Algunos de ellos pueden estar bajo control del abogado y otros no. Así por ejemplo el abogado puede elegir el momento más adecuado para iniciar un procedimiento o que se practique una prueba en una instrucción penal, puede valorar que es más conveniente un ritmo rápido que uno lento. Otros factores como la propia dinámica de funcionamiento de los juzgados o que un expediente de eternice en la mesa de un juez para que resuelva un recurso no están bajo su control, aunque también han de ser tenidos en cuenta por el profesional cuando esto sucede.

Hay clientes que son capaces de hacer lo que deben de hacer, que es dejar estas decisiones en manos del profesional, mientras que hay otros clientes que tratan de imponer sus ritmos a los que pretende establecer el abogado. Estos clientes son peligrosos pues habitualmente no solo tendrán esta pretensión, también la de imponer otras acciones o decisiones. Y digo que son peligrosos pues lo son en primer lugar para sus propias decisiones, pues igual que ningún paciente en la mesa del quirófano le dice al cirujano por donde es mejor cortar, lo mismo ha de trasladar a las estrategias jurídicas, y las imposiciones de los clientes suelen llevar a malos resultados. Así mismo tarde o temprano el trato con estos clientes derivará en un conflicto en el cual el abogado tiene todas las de perder, por el descontento de que no se están haciendo las cosas como el cliente (equivocadamente) entiende que hay que hacer.

Esto es algo distinto a escuchar al cliente. Considero muy importante el escucharlo, analizar su información, recoger sus sugerencias, y suelo explicar y argumentar la conveniencia de las ,ideas estratégicas y sus razones. Pero otra cosa distinta es ese cliente que entiende que el abogado ha de hacer necesariamente lo que exija (que no pide) cual soldado al mando. Mi experiencia me dice que detectado este tipo de clientes se ha de reforzar el discurso argumentativo y que entiendan que el ritmo ha de ser determinado por el abogado.

Aun así cómo digo, en la mayoría de las ocasiones el conflicto esta servido.

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