miércoles, 23 de octubre de 2013

COLEGIOS PROFESIONALES O ASOCIACIONES DE PROFESIONALES

Existe una corriente cada vez más frecuente de pensamiento crítico en relación a la función de los Colegios de Abogados entendiendolos como organismos innecesarios. Hay compañeros que piensan que es preferible que los mismos sean sustituidos por asociaciones de profesionales, por entender que estas van a satisfacer mejor sus intereses.

Parto de mi percepción de la existencia de ciertas notas similares de crítica o descontento en abogados de diferentes Colegios en relación a la función, gestión y necesidad de los mismos. Es decir, que independientemente del tamaño territorial de los mismos y de su número de colegiados, son quejas comunes a los mismos.

Vaya por delante que creo en los Colegios Profesionales, creo en que los mismos han de tener un importante papel, participo en la comisión del turno de oficio del Colegio de Abogados de Zaragoza y soy miembro de varias secciones del mismo, incluso de la junta directiva de una de ellas. Todo ello precisamente en coherencia con ese pensamiento. También he sido impulsor de una organización de abogados “J de Justicia” dirigida precisamente a facilitar, mediante el cambio del sistema tradicional, la participación de los abogados en mi colegio. Así mismo, reconozco públicamente la labor de Colegios y decanos como el de Cartagena, absolutamente activo en la defensa de nuestros intereses. Y todo ello porque considero importante atender a la defensa de los intereses del colectivo, para defenderlos y que por tanto, una importante herramienta ha de ser el propio Colegio.

Aun así hay aspectos a mejorar indudablemente. Las actuales dimensiones y estructuras de los Colegios son ineficientes. Muchos de sus recursos son mal utilizados, o se destinan en manera excesiva a acciones que no redundan en el beneficio del colectivo; se miden mal los mismos y se negocian inadecuamente las contraprestaciones por obligaciones (véanse los servicios de orientación jurídica, en general colapsados). Su propia estructura genera ineficacia con juntas sustentadas sobre el esfuerzo personal de sus componentes, sin contar con delegación de competencias o de responsabilidades integrando y dirigiendo cada uno de ellos grupos de trabajo. Esto hace que los mismos se sientan superados y no sean capaces de atender adecuadamente las necesidades del colectivo por mucho empeño o voluntad que pongan.

Creo que muchas juntas carecen de objetivos estratégicos para el colectivo. Cuando se plantean unas elecciones hay candidaturas que no piensan más allá de llegar al cargo, sus programas no traslucen una visión de la abogacía y de las necesidades de esta, una definición de objetivos para atender sus intereses y una planificación estratégica acorde a lo anterior. Tampoco se produce rendición periódica de esos objetivos a los miembros del Colegio ¿algún colegiado tiene conocimiento de cuales son esos objetivos o tiene manera de medir el cumplimiento de los mismos?

Que decir de la comunicación y la participación. Muchos Colegios trabajan de espaldas al colegiado y este no se siente escuchado. No se fomenta la participación ni hay una comunicación adecuada.

Pocos de ellos han incorporado las facilidades que generan las TIC para la participación y la comunicación. Un Colegio puede pulsar con total facilidad a través de las TIC la opinión del colectivo a la hora de tomar una decisión. Tampoco son utilizadas para mejorar la comunicación tanto hacia los colegiados como hacia la sociedad, salvo excepciones como el Colegio de Abogados de Cartagena todo un referente en estos aspectos (su decano llego a crear un blog para recoger propuestas de enmiendas al nuevo estatuto de la abogacía española, tiene canal de Youtube, etc.).

Lo grave de todo esto, es que es un reflejo de lo poco que importan los colegiados. Si los colegiados fueran importantes para la Junta en cuestión, se optimizaría la comunicación y la participación.

A resultas del análisis expuesto, optar por un modelo asociativo corregiría todo esto? No necesariamente. Si el modelo asociativo reproduce las anteriores deficiencias, o no las corrige adecuadamente poco habremos hecho.

La deficiente cultura democrática en España hace que no haya un movimiento asociativo fuerte, que sea escaso y que reproduzca los males endémicos de otras herramientas democráticas como los partidos políticos. Las asociaciones se configuran en estructuras de poder, tienen fuertes conflictos internos y como cualquier otra organización son renuentes al cambio. Tampoco suelen tener adecuados sistemas que fomenten la participación interna. El uso de las TIC es residual.

Poco hacemos por tanto reproduciendo errores y esquemas. Si las asociaciones no tienen una planificación estratégica para conseguir objetivos, siguen sustentando todo sobre el esfuerzo personal de unos pocos, la Junta lleva toda la carga de acción y no se fomenta la implicación de los socios y se vuelve a producir una separación entre miembros de la junta y representados; olvidando fomentar la participación y sin creer en la importancia de la comunicación; simplemente sustituiremos Colegios por asociaciones y seguiremos igual.

 Aunque es cierto que las asociaciones son un excelente sistema para llegar a aquellas partes en que los Colegios no llegan, o incluso para mejorar y promover la participación en los mismos. Con un déficit añadido, su fuerza vendrá de la potencia de su asociacionismo, consiguiendo una mayoritaria adhesión y numero de socios. Dicho de otro modo, una asociación tendrá tanta fuerza como abogados sean socios y por tanto represente efectivamente.

A título de ejemplo, en Zaragoza recientemente se ha constituido una asociación de abogados del turno de oficio. Su constitución se ha hecho con opacidad, falta de transparencia, a espaldas de la generalidad del colectivo y buscando que no fuera conocido y sobre todo tratando de no incorporar a quienes identifican como disidentes o discrepantes (viva la libertad de expresión y de opinión). ¿que os parece? Una excelente tarjeta de presentación ¿no? Si esta manera de entender las asociaciones son el futuro de la defensa de nuestros intereses, mejor hagamos un suicido colectivo

Pero eso defiendo que las asociaciones de abogados no son per se, el remedio a los males que todos conocemos; pues mucho me temo que el mal, va en muchos de nuestros compañeros y no en las instituciones. Culpar a las instituciones y organizaciones es fácil. Hacer autoexamen de nosotros mismos, no.

Mi apuesta es por un modelo distinto. Pasa por agrupar a aquellos abogados con inquietudes, con compromiso, con ganas de ocupar el papel que en la sociedad nos corresponde. Dinámicos. Y que estos, ocupen una posición intermedia entre aquellos compañeros que por comodidad, desencanto, pasotismo, enfado, la razón que sea, prefieren adoptar una postura pasiva; recoger sus inquietudes, quejas, protestas; transformarlas en propuestas (que fácil es quejarse y que difícil es proponer y dar ideas), ideas, sugerencias y conducir las mismas a quienes ostentan cargos de responsabilidad y han de tomar las decisiones. Ser un canal de comunicación, de transmisión bidireccional y con esfuerzo y actitud proactiva, colaborativa y de generar cambio. Una especie de lobby.

Cambiar estas estructuras y la mentalidad de la abogacía es una tarea titánica. Pero emocionante.

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