domingo, 6 de octubre de 2013

SER UN ABOGADO

Resulta difícil definir aquellas palabras cuyo significado entendemos claro y conocido por todos. Así la RAE nos da la siguiente definición

1. m. y f. Licenciado o doctor en derecho que ejerce profesionalmente la dirección y defensa de las partes en toda clase de procesos o el asesoramiento y consejo jurídico.

Sin embargo la definición se queda corta, o dicho de otro modo, hay muchas diferencias entre abogados y entre las maneras de entender la abogacía. Es cierto que hace décadas sí que se concentraba la intervención profesional en lo relacionado con un proceso, con la intervención ante los Tribunales; pero actualmente esto está cambiando y hay muchos abogados que ni han pisado ni pisarán un juzgado en su vida.

No voy a entrar en el actual debate relacionado con el proyecto de ley de servicios profesionales que incide en esta diferencia hasta el punto de pretender inicialmente, y luego de manera matizada, sacar fuera de la obligación de colegiación (y por tanto, incrementar la diferenciación) a aquellos abogados que no intervienen dentro de los tribunales.

Existen también diferencias entre abogados según a que rama del Derecho se dediquen con asiduidad y especialidad.

Además la abogacía desde hace años se enfrenta a retos. Le está costando mucho salir de esa visión tradicional. Los Colegios se opusieron con tesón a que los abogados realizaran acciones de marketing llegando incluso a perseguir la publicidad. Sin embargo la realidad se impone y existiendo características específicas propias de una profesión liberal, lo cierto es que como abogados estamos dentro de un mercado y debemos tener una mentalidad empresarial, de negocio y de derecho de los consumidores. Ahí siguen nuestras instituciones y nuestra profesión recorriendo ese camino.

Además de esa diferencia derivada de una mayor o menor adaptación a esta visión de negocio, las nuevas tecnologías irrumpen con fuerza en el escenario, y se van a convertir también en otro elemento diferenciador.

Pero no más importante que las anteriores, es también la aportación personal de cada abogado. Siempre digo que una de las cosas que más me gustan de mi profesión es poderle dar mi impronta personal. Cada abogado es distinto, unos seremos parecidos y a la vez muy diferentes con otros; porque nuestra impronta personal es esencial. Se nota quien cree en lo que hace, quien entiende que lo importante es defender derechos, luchar contra la injusticia. No todos lo sienten de la misma manera ni a todos les importa en igual medida.

Por eso me resulta curioso y así lo expresé en tuiter, sin respuesta por cierto, que habitualmente cuando nuestras instituciones quieren "vender" la bondad de los abogados lo hacen siempre con un determinado tipo de abogados, lo que yo defino como abogados de trinchera, los que no defienden poderosos, los que no van a cobrar minutas millonarias, ni aparecen en rankings de prestigiosas publicaciones jurídicas, no lideran areas de macrodespachos ni intervienen en fusiones de empresas del IBEX-35. No son invitados a grandes eventos, ni reciben premios ni medallas.

No les parece un poco incoherente?

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